Viendo el Karate con otros ojos

Desde que volví a estudiar Karate Shotokan, y seguramente gracias al ambiente en el que me muevo, he podido empezar a descubrir que el Karate tal y como le conocemos no es sino un conjunto de técnicas cuyo fin último es enseñar al alumno de una manera gráfica, pero con idea de que desarrolle más allá cada una de éstas.

Lo primero que quizá me llamó la atención es el propio uso de las cargas en las técnicas como una técnica en sí; cambiando luego la ejecución de un Uke a un uchi o convirtiéndolo en una luxación.

Luxaciones en Karate? No por dios, eso no funciona…
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Tendokan Aikido, demostrando las técnicas

Aunque el Aikido es un arte marcial muy vistoso, no me suele gustar ver exhibiciones por una sencilla razón: los Uke.

En Aikido hay una extraña costumbre por gran parte de sus practicante (no me refiero a todos, seguramente tampoco a ti, lector). Esa costumbre no es más que ser un contrincante demasiado solícito, buscando las técnicas, lanzándose antes de tiempo o ante la mínima presión. Incluso en los vídeos de grandes maestros se ve al Uke mostrando reacciones exageradas antes pequeñas acciones.

A ver, no me malinterpretéis, he practicado Aikido y actualmente estudio Aikijutsu. Sé lo que es una presión, y si es nerviosa, a poca intención el dolor es insoportable. Pero ante ese dolor me suelo derrumbar, no hago piruetas.

En fin, os dejo con el vídeo y espero que os guste:

[ACTUALIZACIÓN] Se me olvidó poner que este vídeo me gustaba porque el Uke reaccionaba de una manera bastante natural…

Gracias a Javier Falcón por el enlace

La importancia de un buen Uke

Uke - El que recibeHabitualmente en los entrenamientos, estamos muy pendientes de aprender y mejorar nuestra técnica, pero suele quedar supeditado a nuestros momentos como Tori, mientras que, de manera habitual, conectamos el piloto automático en el momento en que tenemos que estar de Uke (aunque algunas veces dejamos el piloto automático fijo para el resto del entrenamiento).

No somos realmente conscientes de que nuestra mejora depende directamente de lo que se implique el Uke con el que estamos entrenando; es decir, el riesgo de caer en la autocomplaciencia es mayor cuanto menos se implique nuestro Uke.

Este pensamiento me lleva a otro directamente: ¿deberiamos entrenar siempre con el mismo Uke?

Pues hombre, para mi gusto, sí y no.

Es decir, entrenar con un compañero con quien estamos a gusto nos permite avanzar más rápido y tener un tiempo de adaptación a la técnica menor; entrenar con una persona aleatoria pero con la que no encajamos (por la razón que sea) nos puede hacer pasar la mitad del entrenamiento discutiendo por la forma de hacer las cosas. Por otro lado, si el compañero se adapta a nuestros defectos, es probable que no les percibamos, y sigamos manteniendo los errores años y años.

El buen Uke es aquel que nos fuerza dejándonos aprender. Aquel que nos hace estar alerta, poniendo la resistencia necesaria para que aprendamos bien la técnica sin frustrarnos pero sin autocomplacernos. En mi caso me ha sucedido que tras haber hecho multitud de veces una técnica de luxación sin “problemas”, me he enfrentado a una persona más corpulenta que yo y me he dado cuenta de que realmente estaba aplicando mal la técnica. El Uke mecánico se había dejado hacer la técnica por lo que había aprendido “mecánicamente” a hacer mal la técnica.

Resumiendo y desde mi posición de absoluto ignorante en la materia (lo cual es una paradoja porque no debería tener ni siquiera una opinión), podríamos llegar a tomar al Uke como nuestro instructor personal, aquel que se fija en nuestros defectos y potencia nuestra virtudes; aquel que nos intenta dar a conocer nuestros puntos descubiertos y quien intenta pillarnos desprevenidos.

Cuando estemos delante de esta persona, nuestro saludo debería ser muy sentido, pues de él depende que aprendamos o no.

Un saludo.