Una lección de humildad – Cto. España de Karate Tradicional

NOTA: Esta entrada forma parte de una serie de dos artículos. Por favor, lee ambos antes de formar algún tipo de opinión.

Bueno, pues ya pasó. Según me enteré que iba a haber un campeonato de “Karate Tradicional” no tuve ninguna duda: quería asistir.

A ver, con la cabeza en los pies, mi experiencia con Shotokan es muy reducida ya que sólo hace tres años que retomé mis estudios y hacía más de veinte que los dejé.

Aún así quería asistir, ver qué se cocía y qué tipo de budoka iban a asistir.

Dentro del polideportivo, ya con el karate-gi, empecé a ver lo que tenía a mi alrededor: gente muy dispar, pero en general mi sensación es que en su mayoría eran antiguos competidores de federación, y otros no tan antiguos.  Había mucha gente técnicamente superior a mí, gente con muchos años de experiencia.

Yo intento aprender Karatedo: kihon, kata y kumite. Comprender las técnicas y de ellas sacar su utilidad. Entiendo el kata como un conjunto de técnicas donde se explica cómo utilizar las armas naturales; defender y atacar tienen un ritmo, una cadencia establecida por el propio combate y como tal han de mostrarse en los kata.

Pero otra cosa son estos campeonatos. Se exageran los gestos, los kiai se vuelven gritos de 3 segundos y se economizan movimientos en pos de una mayor rapidez. Sólo hay que darse un paseo por YouTube para ver a Lucca Valdesi u otros. Existe un conjunto de normas, estilos y comportamientos que hay que realizar. No hacerlo significa menos puntuación, significa no estar dentro del juego.

Gracias a haber asistido al evento he visto todas las cosas que yo no soy aún capaz de hacer. Tengo que aprender mucho todavía, tanto de lo que debo hacer como aquello que no debo; también he de saber hacer ciertas cosas cuando las circunstancias así lo requieran. Pero también he tenido la grata sensación que haciendo el karate que quiero hacer se puede quedar con la cabeza bien alta.

Así que a trabajar

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